Desde que comencé a tomar mas en serio la vida cada decisión que tomo lo hago con precaución, pienso muy bien las cosas y siempre trato de agradar a Dios. Hace ya casi 3 años tuve mi ultima novia y decidí no tener mas novias hasta que llegara la ultima que iba ser la definitiva. Eso parecía imposible para mi en aquel entonces, que durante años luego que terminara con una chica al mes ya tenia otra ocupando su lugar para llenar el vació que tenia en mi vida, necesitaba ser amado y no quería estar solo, pero quería un cambio en mi vida. Fueron pasando los meses e iba comprendiendo mas el mundo donde me encontraba ya que me había dedicado a la lectura. Sentía como cada estructura de mi pensamiento iba siendo destruida para construir algo mejor. Los conceptos cambiaban ya nada era igual, me convertí en un hombre diferente y mientras pasaba el tiempo la diferencia se iba haciendo mas notoria. Decidí cambiar y todo a mi alrededor empezó a cambiar. Ahora se me hacia complicado que me gustara una chica realmente. Antes solo me dejaba guiar por las apariencias, la vanidad sin que el ser, la esencia de la persona interviniera, luego me amoldaba a lo que era y me conformaba. La chica que ahora buscaba era diferente a toda las anteriores, porque ya los conceptos en mi mente habían cambiado, hasta el mismo concepto de la belleza era otro.
Han pasado esos 3 años, sigo soltero y me han gustado algunas chicas, pero la experiencia me ha enseñado que no todo lo que deseo se me da. Cada vez que me gusta una chica me digo: recuerda que anteriormente te han gustado otras chicas y nada ha pasado, ya las has olvidado. Me digo esto a mi mismo con motivo de no ilusionarme. Hoy en día estoy en un gran dilema. Estoy pensando mucho en una chica que es mi amiga y cuando digo que es mi amiga es aquella que me cuenta sus secretos, sus tristezas, sus amores, la apoyo y le doy tips para que conquiste al chico que le gusta. Quiero sacarla de mis pensamientos, pero se me hace complicado. Las veces que he logrado idealizar una persona en mi mente, que me gusta mucho realmente, termino ilusionandome solo. Todos los amores que llegue a tener, fueros amores que desde que nos vimos nos gustamos. Nunca he tenido un amor de esos, que vas conociendo una persona y terminas enamorándote perdidamente de su ser. Ella no me gustaba, no era mi tipo, me lo dije una y mil veces, pero hoy en día siento que todo es distinto. He tenido infinitas conversaciones mentales diciéndole que me gusta e imaginándome toda clase de respuestas de ella y mis respuestas a sus respuestas, en diferentes lugares, con diferentes ambientes, diferentes actitudes, me he imaginado su sonrisa al explicarle que me encanta como es y me encantan sus defectos y sus locuras, que no le quiero ni añadir ni quitar nada, que tengo un futuro muy bien planificado, con metas porque se a donde voy y a donde la quiero llevar, que he pensado en la crianza de los hijos, también en donde va ser la luna de miel, todo esta planificado en mi mente, pero ese mundo feliz esa utopía a su lado siento que es solo un sueño una imaginación mas de un niño. El único plan que tengo para conquistar es que se enamore de mi. No le quiero decir nada, simplemente quiero que comprenda que yo puedo ser esa persona que ella desea. Quiero que todo fluya, así como las brisa pasa por los arboles naturalmente. Cuando tenga la oportunidad le diré lo mucho que la amo y la he amado tanto hasta el punto que quiero que sea feliz sin mi, que sea libre y busque alguien mejor que yo. Te lo mereces amiga.
viernes, 26 de febrero de 2016
Rebeca
La conocí por casualidad así como se conocen los grandes amores. Teníamos un amigo en común llamado Rafael, el cual mando mi pin por una cadena de mensajes y entre las personas que me agregaron estaba ella. Hablamos algunos días, pero nada del otro mundo, conversaciones triviales sin alguna profundidad. No se como sucedió, pero entre notas de vos y mensajes nos comenzamos a gustar. Ya era preciso e inevitable el conocernos, pero no era sencillo estábamos a varios kilómetros de distancia, varias horas y ciudades nos separaban, mas sin embargo eso no nos impidió cuadrar una cita para conocernos. Ese día estaba un poco nervioso, no sabia que podría pasar al conocernos, eran muchas sensaciones. La estaba esperando en un pequeño centro comercial, el cual estaba un poco vació, no habían muchas personas. Habia llegado primero que ella y los minutos pasaban y eran como horas para mi. Fueron como 20 minutos de agonía, mientras la confundía con cualquier chica que veía a lo lejos ¿Y si es ella? me preguntaba, mientras estaba sentado en un banco y veía a los niños correr de un lugar a otro. Sentía que temblaba, pero no sabia porque yo no era tan tímido. Pensaba en aquello que le iba decir cuando la conociera por primera vez, cuales iban a ser mis palabras. Al fin veo de lejos una chica con una blusa anaranjada, de baja estatura, sonriendo mientras se iba acercando a mi. Me quede sentado mientras se iba acercando, ya que me parecía que yo era muy alto para ella.
-Hola Jonathan, como estas? Por fin nos conocemos. (Beso en el cachete muy cerca de la boca)
-Hola Rebeca. Bien y tu como estas? Ya era hora de que nos conociéramos.
Hablamos varios minutos sentados allí en el banco. Decidimos ir a caminar por el centro comercial y se notaba la diferencia de estatura entre ambos. Nos sentamos en un lugar donde casi no pasaban personas, estaba muy solo, era el lugar perfecto. Nos comenzamos a contar cosas sobre nuestras vidas, que por las limitaciones del teléfono no habíamos tenido la oportunidad de hablar. Fue así como me relevo un secreto que según ella no le había contado a nadie. Llegamos a ese punto de confianza que a mi me pareció incleible, aunque estaba acostumbrado a que las personas me revelaran cosas que ha nadie antes le habían dicho ya que soy un chico que le gusta escuchar y tengo empatia con los demás. Fue mucha la química que hubo entre ambos y entre palabras y palabras, callamos y nos besamos.
-Hola Jonathan, como estas? Por fin nos conocemos. (Beso en el cachete muy cerca de la boca)
-Hola Rebeca. Bien y tu como estas? Ya era hora de que nos conociéramos.
Hablamos varios minutos sentados allí en el banco. Decidimos ir a caminar por el centro comercial y se notaba la diferencia de estatura entre ambos. Nos sentamos en un lugar donde casi no pasaban personas, estaba muy solo, era el lugar perfecto. Nos comenzamos a contar cosas sobre nuestras vidas, que por las limitaciones del teléfono no habíamos tenido la oportunidad de hablar. Fue así como me relevo un secreto que según ella no le había contado a nadie. Llegamos a ese punto de confianza que a mi me pareció incleible, aunque estaba acostumbrado a que las personas me revelaran cosas que ha nadie antes le habían dicho ya que soy un chico que le gusta escuchar y tengo empatia con los demás. Fue mucha la química que hubo entre ambos y entre palabras y palabras, callamos y nos besamos.
Cualquiera te amaria
Cualquiera amaría tu encanto y tus cabellos movidos por la brisa
Cualquiera amaría tu risa que el alma me acaricia
Cualquiera amaría tus ojos color ocaso y tus cejas dibujadas por Picasso
Cualquiera amaría la obra de arte de tu cuerpo
Inspirarías al ser menos sensible a escribir poemas
No cualquiera amaría tus cicatrices con pasión
No cualquiera amaría tu llanto y tus problemas sin salida
No cualquiera amaría tu enojo y tu rebeldía
No cualquiera amaría tu mal humor, tu dolor, tu desamor.
No cualquiera amaría tu ignorancia
No cualquiera amaría tus estrías e imperfecciones
No cualquiera amaría tus malas decisiones
Aquellas que te hicieron crecer y ser quien eres
¿Que valor tiene amar lo que cualquiera amaría?
Así no se ama, sino te amo a plenitud.
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